Fernando Delgado Sanz era su auténtico nombre. Un vacio en su ojo izquierdo y unas cuantas fechorías le dieron su temido apodo, el Tuerto de Pirón.

Durante muchos años tuvo en jaque a Guardia Civil y jueces y sembró el miedo entre viajeros y vecinos de ambas vertientes de la sierra de Guadarrama.

La memoria de los más veteranos y la transmisión oral sobre las hazañas de este personaje mantienen viva la imagen de ‘El Tuerto de Pirón‘. Nacido el 30 de mayo de 1846 en el seno de una familia humilde, hijo de Ramón Delgado, natural de Escalona del Prado, y Ana Sanz, de Santo Domingo, desde niño, Fernando dio muestras de su habilidad y audacia, cualidades que le acompañaron el resto de su vida y le ayudaron a cometer sus fechorías y escaparse de la justicia.

Era muy escurridizo, el Tuerto de Pirón campaba a sus anchas por toda la comarca del Pirón, los valles de río Viejo y del río Pirón hasta Pedraza, aunque son famosas sus fechorías en toda la provincia y en localidades tan cercanas a la capital como Tres Casas. A ambos lados de la sierra era conocido y temido.

Era un espíritu libre, como afirman algunos. Se adentro en la sierra de Guadarrama, entregando su vida al asalto de carruajes y diligencias que cruzaban el puerto y el desvalijo de iglesias, junto a sus secuaces.

El servicio militar en Madrid y el regreso al pueblo, donde encontró que su novia se había casado, marcaron el devenir de Fernando Delgado, que se introdujo entonces en el mundo de la delincuencia, formando una banda de cuatreros procedentes de la localidad de Espirdo, de Segovia y de Madrid, armada con navajas que extendió el terror por un centenar de pueblos de las dos vertientes de la sierra.

Su primera fechoría, que no fue más que una venganza divertida. Corría el año 1866 y Fernando Delgado regresaba tras años de servicio militar. Al llegar a su hogar, descubrió que su novia había contraído matrimonio con otro mozo de la zona por presión de sus padres. Como burla contra el que iba a ser su suegro, le robó un carnero y lo repartió con sus amigos haciéndolo saber en todo Santo Domingo de Pirón. Aquella travesura no fue más que el comienzo de sus andadas en el mundo de la delincuencia.

Otra de sus hazañas, famosa por sus circunstancias tan tiernas, ocurrió cuando un niño viajaba a horas muy tempranas por un camino y el Tuerto salió a su encuentro y le preguntó:

– ¿A dónde vas tan temprano, chico?.

A lo que el chiquillo respondió:

– Trato de evitar al Tuerto Pirón. Dicen que si le encuentro me robará el borrico y el cereal.

El bandolero rió y dándole dos monedas de oro le dijo:

– Toma. Así no podrás temer que el ‘Tuerto’ pueda robarte porque el ‘Tuerto’ soy yo.

El tuerto de piron

Aunque el temor que infundía le permitía frecuentar bares y tabernas sin ser delatado, cayó preso de la justicia en más de una ocasión, la primera vez en diciembre de 1881, cuando fue recluido en la cárcel de Segovia de la calle Juan Bravo (hoy sede de la Biblioteca pública), de donde escapó el 31 de enero de 1882 tras limar los grillos y huir por el tejado.

La libertad le duró poco y meses después, mientras estaba en una posada en Miraflores de la Sierra, de nuevo fue apresado y conducido a la prisión de Colmenar Viejo. Desde allí, otra vez al penal de Segovia, donde vuelve a escapar, pero las huellas dejadas en la nieve de aquella noche de invierno de 1883 permitieron a la Benemérita cazar de nuevo al bandido, acusado de múltiples delitos y condenado en 1888 por la Audiencia de Madrid a cadena perpetua.

La vitalidad que siempre le caracterizaron poco a poco se fueron agotando. La claustrofobia y la amargura, acabaron en 1914 con la vida de Fernando Delgado, pero no con el mito y la leyenda de ‘El Tuerto de Pirón‘.

El Tuerto de Pirón, el famoso bandolero de Segovia
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