En el barrio de San Millán de Segovia también conocido como ‘El de las brujas’ existe un lugar que durante mucho tiempo algunos vecinos trataban de esquivar de su recorrido, La Casa del Crimen.

Un enorme palacete marcado por un crimen tan atroz que hace que un siglo después siga siendo conocido como La Casa del Crimen.

Una casa de finales del siglo XV, una casa que construyeron la familia Ayala Berganza, donde vivían en ese momento Alejandro Bain y una sirvienta. Bain era un hombre introvertido, incluso misterioso. A nadie daba cuenta de sus hábitos y mucho menos de sus caudales.

Una trágica noche del mes de mayo de 1892, tres rateros se colaron en el caserón accediendo por el pajar donde pasaron resguardados la noche entera a la espera de un mejor momento para llevar a cabo un robo en la casa por la creencia de que su interior albergaba grandes riquezas. Para conseguir su propósito los rateros asesinaron al señor Bain y a su sirvienta.

Las autoridades judiciales y los agentes de la policía, en las horas posteriores al suceso, entraron en la casa y encontraron un cuadro desolador. El cadáver del señor Bain se encontraba en el descansillo de la escalera en posición de decúbito supino con la cara ensangrentada y tapada con un pañuelo. Incluso en las uñas de los dedos tenía restos de la cal que había arrancado de la pared.

La casa del crimen

Dos años después del incidente, tras una importante labor de búsqueda en que la prensa y la policía fueron de la mano consiguieron dar con el nombre del los tres asesinos que, sin saberlo, habían marcado para siempre aquella casa del barrio de San Millán. Eran Aquilino Velázquez, Emeterio Salinas y Enrique Calleja.

Una mañana en el Cerro de la Horca fueron ajusticiados. Se comenta que fue el último ajusticiamiento de Segovia con el método del Garrote Vil.

Durante años la casa permaneció cerrada siendo el objetivo de las miradas curiosas y al a vez temerosas de los vecinos y transeúntes. Parecía como si, marcada por el crimen atroz, nadie quisiera comprarla. Hasta que en 1898 el pintor Ignacio Zuloaga lo utilizó como taller de pintura. Fue allí donde encontró la inspiración para una de sus grandes obras: ‘Las brujas de san Millán’. A raíz de una terrible visión protagonizada por el pintor y amigo Pablo Uranga en los sótanos del caserón.

Sintió curiosidad de inspeccionar la casona. La casa no estaba habitada y no utilizaban todas las habitaciones, muchas de ellas estaban cerradas. Empujado por esa curiosidad, Zuloaga llega hasta el sótano. Al bajar, la visión que observó enfrente de él le dejó horrorizado. Ante sus ojos un grupo de mujeres vestidas de luto, viejas y desdentadas estaban alrededor de una hoguera invocando a satanás.

La visión debió de durar muy poquito ya que cuando las mujeres percibieron la presencia de Zuloaga, se evaporaron y la visión desapareció.

La casa del crimen

Durante años la casa del crimen volvió a quedar totalmente abandonada. Mucho tiempo después pasó a ser una carbonería antes de convertirse en el actual hotel, Palacio Ayala Berganza, donde clientes y trabajadores han vivido noches de terror. Manos marcadas en la colcha de la cama, sonidos de una ducha en habitaciones donde no hay nadie.

Se comenta que se oyen llantos en una habitación muy próxima al lugar del asesinato de Bain, la habitación 101.

Pese a haber pasado 120 años de la tragedia la muerte parece seguir presente como si el dolor o las sombras desatadas esa noche reverberaran aún con fuerza en la casa del crimen.

La Casa del Crimen, el suceso más atroz de la historia de Segovia
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