Una antigua leyenda que explica el porqué no se ven Chovas nunca posadas en la Iglesia de la Vera Cruz de Segovia

La iglesia de la Vera Cruz es un lugar de poder de los pocos que existen en la península ibérica. Los templarios escogieron este emplazamiento de las afueras de Segovia para edificar la Iglesia de la Vera Cruz porque concentraba una fuerza telúrica de dimensiones desconocidas.

Levantado en el año 1208 a modo y semejanza de la del Santo Sepulcro de Jerusalén por su base dodecagonal con tres ábsides semicirculares, este templo religioso es una una de las construcciones más singulares del románico español, que está declarado Monumento Nacional.

La leyenda nos traslada a una tarde de verano de hace 800 años. Los áridos caminos de Castilla eran un escenario de batallas entre los bandoleros de los bosques y los caballeros que recorrían las tierras en defensa de su rey y de Dios.

Aunque los Caballeros Templarios se dedicaran a descansar y cuidar de sus familias, seguían teniendo que realizar obligaciones ineludibles: proteger la Santa Cruz y cuidar de los débiles.

Las chovas son unos pájaros negros que abundan por los campos de Castilla. Se parecen a los cuervos y son muy ruidosos y carniceros. Son unos pájaros un poco feos, y cuando conozcas esta leyenda te lo parecerán aún más.

Era una preciosa tarde de primavera, los Caballeros templarios, bajaban velozmente a caballo por una cuesta empinada, dejando atrás la impresionante silueta del Alcázar. Iban muy rápido porque una pandilla de bandoleros estaban a punto de asaltar la Vera Cruz, y ellos iban a defenderla.

Cuando llegaron, los atacantes estaban intentando forzar la entrada de la iglesia, y dos hombres estaban cortando el camino, para evitar que nadie pudiera defender aquel lugar.

Durante la batalla muere uno de los caballeros: el más famoso por su valentía. Su cuerpo fue velado entre los cirios y bajo las oraciones de los frailes del templo.

Uno de ellos le pidió al Padre Prior un favor, “¿Podría quedarse aquí nuestro compañero muerto? Debemos avisar a su familia y preparar todo para su entierro”. El religioso, como es lógico, estuvo de acuerdo con esta petición. Después los caballeros templarios marcharon tristemente a galope de vuelta a Segovia.

El caballero muerto estuvo pronto tendido en el Altar Mayor entre enormes cirios. Su cuerpo estaba colocado sobre un bello plano negro y dorado. Los frailes a su alrededor rezaban encomendándole a Dios.

Uno de los frailes decidió abrir las ventanas para renovar el cargado aire de la iglesia con el fresco de la noche. A continuación se marcharon los monjes a la clausura para tomar un refrigerio antes de empezar la vela del cadáver que no se interrumpiría en toda la noche.

Bastó con que los religiosos abandonaran la sala unos minutos, para que una bandada de chovas entrase por un ventanal y devorase el cuerpo del caballero hasta dejarlo en los huesos.

El Prior horrorizado al ver aquella horrible escena subió al púlpito y con voz muy firme dijo: “¡Yo os maldigo, repugnantes pájaros, por haber profanado este sagrado lugar! Y en castigo ni vosotros ni vuestros descendientes podréis posaros jamás en la torre ni en el tejado de esta Iglesia

Desde entonces no se han vuelto a ver Chovas posadas en la Iglesia de la Vera Cruz de Segovia. Cuando paséis por este monumento fijaros, tal vez estos pájaros centenarios no han olvido aún su castigo…

La leyenda de las Chovas y la Iglesia de la Vera Cruz
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